La Ciudad de la Luz tiene un nuevo atractivo para los niños y no es Disneyland París

Una serie de animación arrebata a las niñas y niños de todo el mundo. París es el escenario y sus locaciones forman parte de la lista de monumentos históricos de Francia

Hace unos días y debido a las vacaciones de verano estuve en París con mi pequeña familia. Mi marido y yo queríamos verlo todo: museos, castillos, callejuelas de conocidas películas, cementerios con honorables muertos, catedrales, la torre Eiffel, Montmartre, Montparnasse, Versailles, y lo que se nos pusiera por delante. Mi hija de 11 años sólo quería pasear en barca por el Sena, dibujar – que no subir- la torre Eiffel e ir a una pastelería.

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Y no es que mi única hija sea una gourmet que va por las ciudades probando las especialidades pasteleras y culinarias, que también – para sus 11 años debo admitir que es más valiente que yo a la hora de degustar nuevos sabores- pero no, ella quería ir a una pastelería específica de la cual no sabía ni la ubicación, ni si sus especialidades serían de su agrado porque no se la había recomendado nadie, daba igual, ella quería ir a la pastelería “Dupain Cheng”.

Superhéroes y pastelerías

Y es que la pastelería Dupain Cheng no es otra que la regentada por el padre y la madre de Ladybug, la heroína de una serie de televisión infantil que cada mediodía a la vuelta del colegio veo con mi hija, no tanto por gusto como por imposición infantil. Los que son padres o madres saben que en casa los dueños del mando a distancia son los “locos bajitos”, que en la primera infancia nos hacen ver una y otra vez las mismas películas. Por ejemplo, conozco cada gesto, cada mueca y cada guiño de Peter Pan.

Miraculous: Las aventuras de Ladybug”, es el nombre de una serie de animación francesa-japonesa-coreana, que se transmite en más de 120 países, además con sus más de 230 licencias alrededor del mundo, “tiendas de países como Brasil, Reino Unido, España y Francia, han obtenido un gran impacto en la venta de sus figuras y productos de moda con la temática de sus personajes principales, y se espera que se produzcan más productos y juguetes durante los próximos meses”.
Los personajes de la serie son dos estudiantes de secundaria: Marinette y Adrien, quienes gracias a los Knamis, pequeñas criaturas de temática animal, se convierten en superhéroes. Ella es Ladybug y él Chat Noir o Cat Noir. Ambos tiene la importante misión de defender a los ciudadanos de París del mal, por ello deben capturar a los Akuma, criaturas oscuras con las cuales el supervillano de la serie pretende hacerse con los “miraculous” de la pareja.
Los “miraculous” en francés, son los llamados “prodigios”, joyas mágicas que con la intervención de los Knamis ayudan a sus poseedores a transformarse en superhéroes con características de animales y además les otorgan superpoderes. En las manos equivocadas, los “miraculous” pueden ser usados para hacer el mal.

Los superhéroes adolescentes desconocen sus identidades. Bajo la malla de Chat Noir, Martinette no sabe que se encuentra Adrien, su amor platónico; por su parte, Chat Noir tampoco sabe que Ladybug, su novia ideal, es su compañera de clase. Y claro, como si eso no fuera suficiente para atrapar la atención de una preadolescente también está Chlóe, la hija del alcalde de París enamorada hasta el tuétano de Adrien y capaz de hacer todo para conquistarlo.

Mi hija además de los deseos antes mencionados, y sobre todo de querer ir a la pâtisserie Dupain Cheng, tenía algunos otros pedidos: comprarse una “boina parisina” y comerse una crepe. La boina fue lo primero que pudo concretar y para que no se diga que no tengo espíritu lúdico, compramos sendas boinas y como era de rigor nos fotografiamos con ellas. En mi descargo debo decir que no fuimos las únicas madre e hija paseando y fotografiándose con “boinas parisinas”.

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La visita a la pâtisserie Dupain Cheng fue el segundo deseo cumplido. En nuestro tercer día en París decidimos ir a conocer el negocio de los padres de Martinette: el señor Dupain, un panadero y pastelero francés y su esposa la señora Cheng, mujer de origen chino que en la serie regenta el negocio. Con la ayuda de Google, que todo lo sabe, conseguimos la ubicación de la pastelería y hacia allí nos dirigimos. Y mientras eso hacíamos, mi hija imaginaba las mil y una maneras en las que le explicaría a sus amigas -también fans de la serie- que estuvo en la panadería de “Ladybug”.

“A Montmartre si’l vous plait”. El taxi demoró media hora en llegar. Puedo asegurar, que hasta el momento, estos han sido los 30 minutos más largos en la vida de mi hija pues además de la expectación ella tenía dudas de que el local existiese en realidad. Yo esperaba que llegasemos al mencionado “quartier” y que una vez allí, como paseando, encontrásemos el establecimiento, pero no, la “pâtisserie” nos encontró a nosotros.

Al llegar a Montmartre, uno de los barrios más bohemios, pintorescos y -dependiendo de la hora- uno de los más peligrosos de París, el taxista tomó una amplia avenida, era la Rue de Caulaincourt, cuando vi el rótulo que indicaba la calle se me pusieron los ojos como plato y le dije que nos dejase en el número 48, el hombre se sorprendió, pero actuando con absoluta discreción europea, al llegar al número requerido detuvo el auto y nos indicó cómo podíamos luego llegar a la parte más turística de Montmartre.

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Y es que el 48 de la Rue de Caulaincourt era la “Boulangerie Pâtisserie Boris”, la pastelería de los padres de Ladybug, y era tal cual salía en la serie, y estaba allí frente a nosotros, el local que mi hija no creía que existiese, pero que igual nos arrastró hasta allí para confirmar o desmentir su existencia. Mi hija bajó del taxi y su carita era impagable, sus ojos brillaban tanto que no pude evitar que los míos brillasen también.

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La “Pâtisserie Boulangerie Boris”, gestionada por Boris Lumé desde el año 2013, es un establecimiento con un siglo de funcionamiento, incluso forma parte de la lista de monumentos históricos de Francia. Según algunas informaciones que circulan por la red, esta pastelería aparece en la serie porque Thomas Estruc -su creador- es amante de las especialidades del lugar. También afirman que la famosa actriz Meryl Streep adora el Petit Choux -hojaldre relleno de nata- de “Pâtisserie Boris”.

pastisseridibujos-y-rela-1Mi marido sacó rápido el móvil de su bolso y se puso a tomar las pocas fotos que le permitió hacer la batería a punto de morir. Mi hija saltaba, gritaba en silencio y nos miraba agradecida.

La emoción no la dejaba ni entrar al local y cuando lo hicimos grande fue la sorpresa al encontrarnos con un joven y una mujer chinos dirigiendo el lugar. Hasta en eso la serie había sido fiel.

Mi locuaz y extrovertida hija fue incapaz de dirigirse ni al joven ni a la mujer, sólo me miraba con carita de “mamá pellizcame, mamá ayúdame”, así que tuve que ser yo la que preguntase si nos encontrábamos en la panadería pastelería de…., –“Miraculous Ladybug”, termino mi pregunta el joven al mismo tiempo que asentía con la cabeza; la mujer sonrió y mientras el shock de mi hija iba en aumento, compramos unos pastelitos porque quería pedirles una foto y no quería ser una fresca que sólo entra en busca de una imagen.

Pedimos lo primero que vimos en las estanterías, eran sendas masitas rellenas con trufa, pistacho y nata, estaban buenísimas, pero no recuerdo el nombre porque la emoción nos embargaba a todos, quizás era el Petit Choux de Meryl Streep. Luego de pagar les pedí si por favor podían tomarse una foto con mi hija que ya hiperventilaba, muy generosamente el joven y la mujer aceptaron y la sonrisa de mi niña era para enmarcarla. Sonreía con el alma.

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Fiesta y Crepes en el Sena

Luego de caminar de museo en museo -mi hija quiere ser dibujante y crear personajes e historias para Pixar así que ver pintura le interesa mucho, aunque no tanto como para caminar dos días por el Louvre sin protestar- el pedido de la crepe se volvió letanía y la razón esgrimida de lo más convincente: “estamos en Francia y no podemos irnos sin comer crepes porque las crepes son francesas”, insistía.

Después de un nocturno paseo a pie por el Sena, desde el Louvre hasta la Torre Eiffel, queríamos subir ese hermoso montón de fierro iluminado, ya lo habíamos hecho de día, pero queríamos ver París de noche, desde lo alto, iluminado por miles de puntitos de luz, unos quietos y otros en movimiento, unos dándole vida al mobiliario urbano y otros chisporroteando por las calles, dirigiéndose hacia algún lugar, nosotros no. Nosotros sólo mirábamos y pensábamos en crepes, mi hija no permitía que las olvidásemos.

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Al descender de las alturas y acabada la poesía, escuchamos por enésima vez: “tenemos que ir a comer crepes porque estamos en París “, así que a punto de la medianoche nos dirigimos a un puesto de crepes ubicado a orillas del Sena, porque el Sena de noche “es una fiesta” y su margen izquierda está plagada de bares y restaurantes llenos hasta los topes. Tras una larga cola y de hacer enfadar al cocinero porque no quería fotos, comimos las crepes más caras y olvidables que nos hemos comido jamás. Pero era una crepe francesa y a mi hija, durante los primeros 5 minutos, le supo a gloria.Ainacrep

Place des Vosges

Cumpliendo sus deseos y de casualidad, mi hija también pudo conocer la “Place Des Voges”, importante por ser una de las plazas más antiguas de París, aunque para mi hija sólo era otra de las locaciones de “Ladybug”. Originalmente conocida como “Plaza Real”, la “Place des Vosges” fue construida por orden de Enrique IV entre los años 1605 y 1612. El recinto fue inaugurado con una gran fiesta celebrando la boda entre su hijo, Luis XIII, rey de Francia y Ana de Habsburgo, quienes a su vez se convertirían en los padres de Luis XIV, el llamado “Rey Sol”.

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Esta plaza también es importante porque en uno de sus laterales encontramos la casa de Víctor Hugo, el célebre novelista francés autor de “Los Miserables”.

Destruida durante la revolución francesa y reconstruida entre 1818 y 1825, la “Place Des Vosges” es uno de los lugares más emblemáticos de Le Marais que, según la guía turística de la ciudad, es el barrio gay más importante de París y un eje comercial y artístico interesante, pues la zona está llena de galerías, tiendas, cafés y restaurantes; y todo diseñado con muy buen gusto, y, sobre todo, respetando el patrimonio histórico.

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No soy la mejor madre del mundo, ni la más dedicada, tampoco soy de aquellas que se priva de vivir porque la maternidad es la empresa más importante de toda mujer, no. Soy madre pero no he dejado de ser mujer y por eso admito que criar a un hijo es una de las tareas más complicadas, viajar con ellos lo es más porque se cansan, se aburren y lo quieren todo y nada, sin embargo, la cara de mi hija cumpliendo sus deseos en París no tiene precio y me ha hecho reconciliarme con la maternidad, por lo menos por unos días.

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