El amor es el inicio, el objetivo y el final

                                       Happy End

 

Hoy he vuelto a ver a una  persona, a la que hace 4 años deje desconsolada y sola. Hoy le he visto con la página ya volteada, en otro capitulo de su vida, uno más alegre, más pleno. Le he visto  satisfecho, tranquilo y no he podido evitar emocionarme.

Verle ha sido desear estar como él, a su edad, con la mano de alguien entre las mías, dando un paseo por el bosque una tarde, al final del verano, cuando el sol ya no es tan fiero y el aire sopla aún cálido, pero lejos de la canícula estival.

Verle ha sido exorcizar la rabia que llevaba dentro, que era tanta, tan contenida y tan asfixiante que, cual resorte, me impulso a ponerme las zapatillas de correr y a escapar al medio de la nada, a más de 30 grados de temperatura.

Mientras corría montaña arriba, transformaba sensaciones negativas, convertía mi cólera en sudor, en trabajo, en esfuerzo, en conquista de mi misma, y así iba poniendo una sonrisa en mi alma y en mi cuerpo.

Pensaba en los años invertidos, en la niña hermosa que me ha regalado la vida, pero que ahora, a  sus 6 años, guarda tanta o más rabia que yo, y no sabe como canalizarla. Pinta cariño, dibuja, habla – le digo – pero ella no siempre procesa bien mis recomendaciones, y reacciona de formas inusitadas.

“Quiero que seas feliz mamá, que escribas mucho y que te publiquen muchas revistas, pero también quiero jugar contigo”, me dijo anoche mi niña, acariciándome y llenándome de besos, mientras yo la arropaba para dormir.

Y la lágrima me cayó, sus dulces palabras retumbarán por siempre en mi cabeza, como otras que también me hablan de amor y de un futuro feliz, por eso hoy, que vi feliz a aquella persona, sentí más que nunca que la vida es armonía y que estamos obligados a encontrarla.

“Te presento a mi compañera” me dijo, y a mi se me volvió a caer un lágrima, a mi que sólo le conocía porque somos vecinos y porque yo tenía un establecimiento, en el que él y su esposa venían a comprar cada día.

He querido hablarle, he querido saber cómo está, pero no ha sido necesario, el enseñarme sus manos unidas y decirme “te presento a mi compañera”, ha sido suficiente para que ambos recordáramos su sufrimiento ante la pérdida, de la que fue su mujer de toda la vida.

Ella era morena, guapa, altiva, sonrisa amplia, anteojos, siempre iba con los labios pintados, cosa extraña en las mujeres europeas, que suelen ir con la cara muy lavada a cualquier edad, sin embargo, ella iba siempre atractiva y arreglada.

Ella era amiga de mi madre, las dos tenían esa discreción y ese saber estar que hacen señora. Ella un día supo que tenía cáncer, la veía cada día ir a la compra, o al mercado semanal con el marido del brazo, contento de caminar a su lado, se les veía bien juntos; luego la enfermedad la devoró.

La enfermedad avanzo inexorablemente, al final ella ya no salía de casa, desde la mía sólo veía las persianas de su habitación a medio levantar y a ella, a veces, mirando tras las ventanas. Las dos nos saludábamos con la mano y nos sonreíamos. Cuando ella se fue, él se encerró.

“Te presento a mi compañera” ha dicho y yo ya no he podido entablar una conversación, pero no sabía que al no querer involucrarme, la lágrima asomaría. “Te presento a mi compañera”  ha dicho y entrelazados han sonreído cómplices y yo he vuelto a desear tener alguien para la vejez, alguien que diga de mi: “te presento a mi compañera” , y enseñe nuestras manos.

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El estado de shock, el mejor anticonceptivo

Las declaraciones de un congresista peruano respecto a la despenalización del aborto en caso de violación, no dejan indiferente a nadie, según él, la brutalidad del acto impide que la mujer quede embarazada

Mi pericia al volante fue probada esta mañana por mi marido. Volvíamos a casa y me explico que un congresista peruano, muy orondo y entendido él, había dicho que una violación sexual no genera la concepción de una criatura porque la violencia y perentoriedad del acto, no deja que la mujer lubrique. Al escuchar semejante sandez, no pude más que echar a reír y lo hacía con tal ‘entusiasmo’, que acabe llorando, pero supe mantener la mano firme y así evitar salirme de alguna de las curvas que sorteábamos.

Una vez en casa, sanos y salvos,  busqué en la prensa y encontré las ‘afortunadas’ palabras de Juan Carlos Egurén, el político en cuestión:  “las violaciones – y esto es lo terrible – que pueden ser un evento callejero, no generan embarazo. Es casi imposible que se produzca un embarazo después de una violación eventual, callejera, porque se produce un estado de estrés, un estado de shock en la persona”. Estas declaraciones se producen, en el marco del debate parlamentario sobre la despenalización del aborto en caso de violaciones sexuales, en el país latinoamericano, primero en el ‘ranking’ de denuncias de estos nefastos hechos.

Según Eguren, las violaciones serían de dos tipos, las que el considera un “evento callejero” que son las que “no generan embarazo”, por realizarse en un entorno seco – y es aquí donde vuelvo a reír- y las violaciones digamos, ‘consuetudinarias‘ que para seguir con lógica del congresista, serían las que se producen en un entorno húmedo. “¿Dónde se producen los embarazos? En las violaciones en el entorno familiar, que son violaciones frecuentes, permanentes, sistemáticas”, pero ese tema según el político, “se ha abordar desde otras perspectivas”.

Si seguimos el discurso del también presidente de la ‘Comisión de Justicia y Derechos Humanos’ del Congreso peruano, aquellas mujeres que manifiestan haber quedado embarazadas producto de una violación ‘eventual’, mienten; con qué propósito me preguntó yo, y supongo que el parlamentario piensa, que una mujer es capaz de afirmar tal patraña con el fin de ocultar actividades ‘libidinosas y clandestinas’,  producto de las cuales ha quedado embarazada. Según cifras del movimiento ‘Déjala Decidir’, en 4 de cada 5 casos de violaciones sexuales las víctimas son menores de edad.

En el Perú, sólo es legal el aborto terapéutico, aquel en el que corre peligro la vida de la madre y al parecer, por algún tiempo más, no se podrá practicar en el caso de que la integridad de la madre, haya estado en ‘peligro’ en el momento de la concepción. Y es que, para algunos, la mujer sigue siendo un simple receptáculo que tiene que asumir su función reproductora, la haya elegido o no, la hayan forzado o no. En el Perú, la mujer sigue siendo un ser sin derecho a decidir sobre su propio cuerpo, incluso sobre su propia apariencia, usar una micro minifalda o sonreír en exceso, pueden ser indicios de estar ‘buscando algo’.

Según ‘Dejala Decidir’, el 78% de casos de violaciones denunciadas corresponde a víctimas menores de edad, de estos el 90% es producido dentro el entorno familiar y el 34 % de las niñas y adolescentes quedó embarazada por su violador. Cada año 35 mil mujeres se ven forzadas a tener al hijo de quien la violó, con lo cual se sienten doblemente castigadas, pues la criatura siempre será el recuerdo de un momento doloroso y humillante en sus vidas, que además pueden verse truncas al asumir la responsabilidad y cuidado de un ser que no planificaron, ni desearon.

A nivel mundial, cada año se practican unos 46 millones de abortos, 26 millones se llevan a cabo en países donde el aborto es legal, 20 millones en países donde es un delito y su practica se convierte en un riesgo para la salud de la mujer. Según el Guttmacher Institute, organización internacional que produce información sobre salud sexual y reproductiva, 47 mil mujeres mueren cada año en todo el mundo debido a la práctica de abortos clandestinos y en condiciones de sanitarias deplorables.

‘Déjala Decidir’también afirma, que el 29% de muertes en adolescentes embarazadas, en Perú, ocurre debido a abortos inseguros. Treinta y cuatro de cada 100 niñas y adolescentes entre 10 y 19 años de edad, que quedaron embarazadas, lo fueron producto de una violación. Setenta i seis de cada 100 violadores eran hombres con alguna relación directa con la víctima, padres, padrastros, tutores o profesores.  Nueve de cada 10 embarazos de niñas menores de 15 años se debieron a un incesto.

Un informe del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de Naciones Unidas (CEDAW) recomendó – hace un año- al Perú, la legalización del aborto en casos de violación, incesto o severa malformación del feto, y la eliminación de todas las leyes creadas para castigar a las mujeres que deciden interrumpir el embarazo”. Según el artículo 120 del Código Penal peruano, una mujer que aborta debido a una violación, es castigada con una pena que va de 3 meses a 2 años de prisión. El banderillazo lo propina el agresor, la estocada final es de la justicia.

Pero todo se soluciona levantando el pie más alto, según Juan Carlos Eguren, el Congreso elevará la pena por delito de violación a 35 años de prisión y así – en sus no muy hidratadas ideas-  supongo que piensa matar dos pájaros de un tiro. Primero, la violación se extinguirá y segundo nunca más tendrá la necesidad de explicar como se comporta la fisiología del sexo femenino en situaciones de ‘schock’. A pesar de todas las revoluciones feministas, a pesar de los cargos de poder ocupados por mujeres, a pesar de nuestra impronta intelectual, deportiva y artística, a pesar de todas las libertades conquistadas, la de decidir sobre nuestro cuerpo aún no la hemos alcanzado plenamente.